domingo, 19 de mayo de 2013

Capítulo 2

Pues sí, decidí no hablarle. Ya lo sé, soy una cobarde y sí, también sé que puedo perderle para siempre, pero es ver sus ojos grises y derrumbarme. Todo en él está creado para que te quedes embobada mirándole. Esos ojos grises tan preciosos, su pelo castaño claro, sus labios y su sonrisa...Uf, no puedo hablarle.

Me fui sola por el pasillo para poder pensar en lo que debía hacer. Tengo tanto miedo...¿Y si me dice que no siente lo mismo? ¿Y si le pierdo para siempre? Dios, no puedo pensar más en eso. Ahora mismo me tengo que concentrar en atender en clase y ya está.

Caminando por el pasillo me di cuenta de que alguien me estaba siguiendo. Seguro que es Brenda, siempre me gasta la misma broma, pero esta vez no se saldría con la suya; así que me di la vuelta para descubrirla. Pero esta vez no era Brenda, sino Mario.

- Hola Vera.-me dijo timidamente.- Hace mucho que no hablamos...

Me quedé helada. No me lo esperaba, no creía que pudiera ser él. Ni siquiera le dije hola, me quedé callada sin saber qué decir.

-¿No me vas a decir nada?.- parecía preocupado, ya que mi cara no mostraba ningún sentimiento, más bien parecía que me habían dado un susto y mi cara se había quedado en shock.-Por favor Vera, háblame ¿Te he hecho algo? Por favor dime que he hecho o dicho, seguro que lo podremos arreglar. No te quiero perder, eres mi mejor amiga.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Claro, sería su amiga, su amiga y nada más que eso. Al notar que las ganas de llorar iban apareciendo, me di la vuelta para poder entrar en el baño, pero Mario se me adelantó y me cerró el paso.

- ¿Tan enfadad estás? ¿He hecho algo tan grave? Aunque sé que no te he hecho nada, porque yo sería incapaz de hacerte algo malo Vera, sabes que yo te quiero muchísimo.

Dios, no podía escuchar más, pero tampoco podía soltar ni una palabra; así que le abracé. Era lo único que podía hacer. Le abracé para que se diera cuenta de que él no había hecho nada malo, de que yo no estaba enfadada.

Me separé y le miré a los ojos. Aquellos ojos llenos de inquietud, llenos de ternura, me miraban preguntándome qué pasaba.

- Me tengo que ir.- dije en voz baja y me marché corriendo al baño.

Llegué y cerré la puerta con llave. No sabía que pensar ni que decir, no le podía mirar a los ojos. No quería cruzármelo por los pasillos ni quedarme a solas con él; así que decidí ir a dirección y llamar a mi madre para que me viniera a buscar, diciendo que me encontraba mal.

Esperé 10 minutos y llegó mi madre. Salimos del colegio y llegamos al coche.

- ¿ Estás bien? ¿Quieres ir al médico? ¿Tienes fiebre? ¿Has vomitado? ¿Tienes ganas de vomitar?.- me dijo preocupada en cuanto subimos al coche. MI madre siempre ha sido un poco obsesiva con el tema de las enfermedades.

- No mamá, solo necesito descansar. Llévame a casa, por favor.

Mi madre hizo lo que le pedí, aunque no muy convencida. Llegamos a casa, me metí en mi cuarto y me tumbé en mi cama. Decidí dormir un rato para despejarme un poco. Después de unas cuantas pesadillas en las que no dejaban de mirarme unos ojos grises, decidí levantarme.

Ya eran las 14:00. Mi madre ya me había preparado una sopa caliente y me la tomé enseguida. Había dormido mucho, pero aún así me sentía muy cansada. No podía dejar de preocuparme ni un solo segundo. Tendría que hacer algo, ¿pero qué? Decidí llamar a Brenda y contarle todo. Después de contarle todo lo que había pasado y como me sentía, se quedó en silencio un rato y me dijo:

- Tienes que verle, hoy.- dijo decidida.

-¿Hoy? ¿No puede ser que hablemos mañana?

-NO, NO, NO Y NO!.- me espetó.- No voy a dejar que vuelvas a dar marcha atrás, hablarás hoy con él, tienes que quedar con él por la noche.

- ¿Por la noche? ¿Estás loca? Sabes que no puedo salir por ahí por la noche habiendo mañana clase...

-Bueno, pues le dices a tu madre que necesitas repasar lo que te perdiste hoy en mi casa, y te que quedas a dormir porque vamos a tardar mucho.

- ¿Y crees que se lo creerá?.- dije preocupada.

-¡Claro que sí!.- dijo confiada.- Díselo y luego me llamas.

- Vale.

Le dije aquello a mi madre, e inexplicablemente se lo creyó. Llamé a Brenda y me fui a su casa.

- Vale, el primer paso ya está hecho: puedes salir. Ahora toca el segundo paso: tienes que quedar con Mario.

-Buf, está bien.- le llamé y quedamos en el parque a las 00:00.

- Hecho.- le dije preocupada.- ¿Y ahora qué? ¿ Y si me dice que no? ¿ Y si quedo en ridículo?.- ya estaban empezando a rondarme las dudas.

- ¡BASTA YA!.- me dijo bastante enfadada.- ¿Quieres dejar de decir esas tontería? Vale sí, cabe la posibilidad de que te diga que no, pero Mario es muy bueno, no dejará de ser tu amigo. Además, también está la posibilidad de que él también te quiera...

- Sí claro, en mis sueños...

- Bo, deja de decir bobadas. Ahora hay que hacer algo mucho más importante.- dijo realmente emocionada.

- ¿El qué?.- dije intrigada.

- ¡Escoger la ropa que llevarás!

Como no. En esta situación Brenda tenía que pensar en la ropa.

- Ba, eso no me importa. Unos pantalones y una camiseta y ya está.

-¿Qué? No no, tú te vas a poner un vestido.

-¿QUÉ?.- grité.- ¿Estás tonta? Sabes que yo no me pongo vestidos...- Brenda sabía muy bien que no me gustaba ponerme vestidos ni que me vieran en bañador, soy demasiado insegura.

-Tía, no seas tonta. Eres preciosa, así que te vas a poner un vestido y unos buenos tacones...

No me quedó otro remedio que obedecer. Después de pasar la tarde haciendo tonterías y viendo películas, a las diez empezamos a preparar la ropa y el maquillaje. A las 11:30 ya estaba lista. Brenda me dejó coger algo de su armario y escogimos entre las dos esto: Conjunto

-Estás preciosa, te tienes que poner más vestidos...

-Pues yo estoy incómoda...Prefiero cambiarme.

- Aaaaah no no, lo siento pero ya es tarde. Venga corre, tienes que llegar a tiempo.

Le di un fuerte abrazo, le di las gracias por todo; y después de que Brenda me deseara suerte salí de su casa y caminé hasta llegar al parque. Llegué y le vi, iba vestido así: Conjunto. Dios, que guapo, no sé si podré hacerlo.

-Hola Vera.- me dijo nervioso.- ¿Qué pasa? ¿Por qué querías quedar?.- empezó a preguntarme, a dejarme sin respiración por cada pregunta que hacía, que cada vez eran más.

-Por favor, cállate.- le supliqué. Él paró inmediatamente.- Necesito silencio para poder decirte todo lo que te tengo que decir...

No me salían las palabras, no sería capaz. Levanté la mirada y nos miramos a los ojos. Enseguida volví a mirar al suelo, sus ojos grises me intimidaban. Pasaron minutos y seguimos callados y sin movernos; él esperando a que yo hablara y yo esperando para que las palabras fuesen capaces de salir de mi boca. Dios, esto es demasiado difícil. Me puse a pensar en otra alternativa para decirle lo que sentía sin tener que hablar, pero no encontraba ninguna. 

Entonces me vino una a la cabeza, pero era demasiado para mí, aunque nada es demasiado. Decidí hacerlo, sí, podía hacerlo.

Y lo hice, le besé. Respiré hondo antes de hacerlo y le miré a los ojos, segura. Fue un beso largo, precioso, de película más bien. Él me sujetó por la cintura y yo puse mis brazos sobre su cuello. Cuando nos separamos seguía sin saber que decir. Y el caso es que él también se había quedado sin palabras. 

- Esto significa que...¿Qué significa esto?

- Esto significa que te quiero..- le dije segura de todo lo que acababa de pasar.

- ¿Me quieres? ¿Desde cuando?

- Desde siempre.

Y nos volvimos a quedar en silencio mirándonos a los ojos, con las manos entrelazadas, diciéndonoslo todo sin palabras.

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